A sus 22 años, Claudia Varela la joven líder que se atrevió a cambiar las reglas del juego en los eventos, asume la dirección de Hubents, el nuevo proyecto tecnológico orientado al sector nupcial. Su trayectoria es corta en tiempo, pero, según afirma, “intensa, apasionada y marcada por un aprendizaje que me ha cambiado completamente”. 

De Galicia a Málaga con 17 años: el inicio del camino 

“Me mudé aquí con 17 años para seguir formándome y abrirme nuevas oportunidades”, explica. Tras estudiar un Grado Superior en Iluminación, Captación y Tratamiento de la Imagen, actualmente finaliza la carrera de Marketing e Investigación de Mercados, donde ha encontrado el equilibrio perfecto entre “mi lado creativo y el analítico”. 

El descubrimiento del sector nupcial y el origen de la idea

Como muchos estudiantes, empezó a trabajar para mantenerse. Fue en ese contexto cuando entró en contacto con el mundo de las bodas: “Ese trabajo me vino muy bien económicamente, pero, sobre todo, me abrió los ojos”.

“Un día de boda era un auténtico caos, mil tareas, muchísimas personas intentando coordinarse a la vez. Esa sensación se me quedó grabada”. Esa observación se convirtió en el germen del proyecto que hoy lidera.

Una vocación temprana por emprender

Claudia reconoce que desde pequeña sabía que quería crear algo propio: “Mi sueño era emprender, organizar y, sobre todo, superarme a mí misma”. Aun así, su entorno le preguntaba por qué asumía tantos retos siendo tan joven. Para ella, la respuesta siempre fue clara: “Trabajar y aprender me llena muchísimo”. 

Un proyecto creado desde dentro del sector

La principal fortaleza de Hubents es su origen. “Yo decidí que fueran las mismas wedding planners quienes construyeran la base del proyecto”, afirma Claudia. Por eso, desde el principio quiso alejarse de las soluciones creadas desde fuera y apostó por un enfoque totalmente colaborativo, construido con la experiencia real de las profesionales del sector. 

Desestructurar el caos: dividir la boda en problemas pequeños 

Una de las claves del proyecto surgió de una observación directa: “Un día de boda era un auténtico caos, mil tareas, muchísimas personas intentando coordinarse a la vez. Esa sensación se me quedó grabada”

A partir de ahí comprendió algo esencial: para resolver un evento complejo, había que desestructurarlo. 

“Entendí que tenía que dividir la boda en pequeños problemas, y desde ahí vi que debía fragmentarse en tareas”, explica. Pero no bastaba con organizar tareas; la verdadera innovación vino después: “Las tareas debían ser colaborativas e involucrar a cada ‘stakeholder’, porque así es como se resuelven los problemas en la vida real”. 

Un modelo inspirado en la economía colaborativa

Acostumbrada a pensar en términos de colaboración, Claudia reconoce que su visión está influenciada por productos como Airbnb o BlaBlaCar. “Siempre he dicho que más vale ser una parte de algo grande, y eso solo se logra con equipo”. Por eso, Hubents se construye como una herramienta donde todos los actores del evento pareja, planners y proveedores trabajan alineados y dentro del mismo ecosistema. 

El significado del nombre: unir lo que en la práctica debe estar unido 

Desde el inicio, Claudia tenía clara la filosofía detrás del proyecto. “No podíamos hacer una herramienta que no reflejara cómo se resuelven los problemas en la vida real, y en la vida real tienen que estar todos los involucrados del evento”, explica.

Ese fue el motivo del nombre: Hub-ents, una unión entre “Hub” —punto de conexión— y “Events”. “Desde el nombre tenía claro que este programa debía unir a parejas, planners y proveedores”, afirma. Una plataforma que conecta, centraliza y coordina: así nace la propuesta que diferencia a Hubents.

Mirar hacia adelante sin copiar lo que ya existe

Claudia reconoce que en un momento decidió dejar de mirar a los lados: su objetivo no era imitar, sino crear desde cero una solución real. “Otras aplicaciones se enfocaban en lo visual, pero no en el verdadero foco del problema, que es la comunicación y la centralización de toda la información”.

Con ese enfoque, profesionales del sector comenzaron a apoyarla y a impulsar su visión. “Las personas que se interesaron en mi proyecto me han ayudado y acelerado el proceso”, cuenta.

Ese respaldo marcó un hito: “Fue cuando la idea dejó de ser un sueño y se convirtió en un emprendimiento que terminó con nombre en SL”. 

Superar el miedo a la edad y aprender a alta velocidad 

“Uno de mis mayores miedos era mi edad. Pensaba que no me tomarían en serio, que no tendría credibilidad”, afirma. Ese miedo comenzó a desvanecerse tras reunirse con expertos del sector: “Me dijeron que el problema no estaba fuera… estaba dentro. Si yo no me lo creía, nadie más se lo iba a creer”. 

A partir de ahí, la evolución fue acelerada: 

“Yo no sabía nada de contratos ni cosas similares, y tuve que aprender a una velocidad que a veces hasta me asustaba”. “Pero mi pasión pudo con eso y más”. 

Para ella, el avance no habría sido posible sin colaboración:

“Siempre he dicho que más vale ser una parte de algo grande, y eso solo se hace con equipo”.

Encontrarse a sí misma en el proceso 

Durante mucho tiempo sintió que sus inquietudes no encajaban con las de otras personas de su edad. “Llegué a pensar que el problema era yo, que no estaba en el punto en el que ‘debería’ estar”. Hoy lo ve diferente: “No me faltaba nada, simplemente no había encontrado mi sitio”. 

Ese sitio llegó al comenzar a trabajar: “En el momento en que entré en el mundo laboral, mi cabeza explotó”. 

Orgullo del camino recorrido 

Aunque reconoce que aún queda mucho por construir, Claudia afirma: “Aún no están todos los resultados, pero estoy profundamente orgullosa del camino”.“Ver que las cosas van saliendo, aunque sea despacio, me hace sentir la persona más orgullosa del mundo”.

Su mayor satisfacción no está en la estructura legal de la empresa, sino en la transformación personal que ha vivido y en el impacto positivo que su proyecto ha generado en su sector.

Con esa última frase se despide Claudia, con la mirada llena de ilusión, invitando a acercarse cuando se desee y anticipando que muy pronto habrá novedades. “Haber creado algo, haber llegado hasta aquí, ver a gente de mi entorno confiar en mí y dejar de ver esto como una locura… todo eso ya me hace feliz”, nos dice. Y quizá ahí esté la clave: en no hablar solo de lo que está por venir, sino de todo lo que ya se ha construido por el camino. Es así, desde la gratitud y la convicción tranquila, como se cierra esta historia. Por ahora.