En el debate sobre si la Ciudad de México está preparada para recibir un evento de escala global como la Copa del Mundo de 2026, la conversación se centra en la capacidad de movilidad y alojamiento de la capital.
Para Julián Yaffar, experto desarrollador inmobiliario, la Ciudad de México no parte de cero. Llega al Mundial con una infraestructura urbana probada, una movilidad de enorme escala y una experiencia en la gestión de flujos masivos de personas. Esa base, afirma Yaffar, convierte al torneo en una oportunidad de proyección.
Julián, ¿está lista la Ciudad de México para recibir al mundo en 2026?
Sin duda. Lo más importante es entender que la Ciudad de México ya opera, en condiciones normales, a una escala que pocas ciudades pueden sostener. El Metro movilizó en 2024 a más de 1,171 millones de pasajeros. Esa cifra por sí sola ayuda a dimensionar la capacidad estructural de la ciudad.
¿Eso cambia la forma de ver el reto del Mundial?
Completamente. La capital ya tiene una lógica de operación de alta intensidad. Incluso estaciones como Cuatro Caminos, Constitución de 1917 e Indios Verdes registran en días laborables afluencias promedio superiores a los 100 mil usuarios diarios. Es decir, la presión ya existe y el sistema ha sido diseñado para administrarla.
Entonces, ¿el Mundial debe leerse más como oportunidad que como problema?
Sí. La Ciudad de México será sede de cinco partidos y las autoridades capitalinas han proyectado la llegada de miles de visitantes, además de una derrama económica superior a 20 mil millones de pesos. Eso coloca al evento como un fenómeno deportivo y un catalizador de consumo, inversión, ocupación hotelera, actividad comercial y exposición global.
¿La infraestructura turística también acompaña esa visión?
Sí. La capital cuenta con 849 hoteles y más de 62 mil habitaciones, con alrededor de 3 mil cuartos adicionales proyectados para este año. Eso habla de una ciudad que entiende que la competitividad no depende solo de la conectividad, sino de una cadena completa de servicios: hospedaje, movilidad, seguridad, experiencia urbana y capacidad de atención.
¿Qué valor deja un evento así más allá de las semanas del torneo?
El valor más importante es que acelera procesos que pueden dejar beneficios permanentes. Cuando una ciudad invierte en movilidad, conectividad, espacio público, imagen urbana y coordinación institucional para responder a un escaparate global, esas mejoras no desaparecen al terminar el torneo. Se quedan. En ese sentido, el Mundial puede funcionar como una plataforma para consolidar e integrar a la Ciudad de México.
¿Cuál sería entonces la principal conclusión para Julián Yaffar con toda tu experiencia en el desarrollo inmobiliario eficiente?
Que la Ciudad de México no se está preparando para aprender a mover grandes volúmenes de personas. Ya lo hace todos los días. Lo que viene en 2026 es la oportunidad de demostrar la escala de su capacidad y la madurez de su infraestructura.
En ese sentido, el Mundial representa una vitrina a nivel internacional.





